23 de Febrero, Terminalia

Fiestas en honor de Término, Dios de los límites de los campos, en la que, tras adornar con guirnaldas los limites que marcaban las distintas propiedades, se les hacían ofrendas y se les rociaba con la sangre de un cordero o un cochinillo, previamente sacrificado, en medio de súplicas al Dios para que los límites se mantuvieran inalterables.

Se verificaban el VII de las Calendas de Marzo (23 de febrero) en el punto de unión de las vías Ostiense y Laurentina, antiguo límite de Roma en tiempo de Numa. En ellas, cada padre de familia encendía una gran hoguera sobre la cual los hijos derramaban vino nuevo y semillas del año cantando al mismo tiempo himnos adecuados al caso. Más adelante suprimieron estas ceremonias limitándose a sacrificar un cordero o una verraca.
Término era un Dios latino protector de los límites y a quien se confunde algunas veces con Silvano. Según Plutarco, Numa fue el primero que hizo colocar los límites en los campos para separar las propiedades consagrando luego estos límites a Júpiter Término e instituyendo las fiestas terminalias. En su origen la imagen de Término consistía en un pedrusco cualquiera. Después se representó con un pilar que tenía encima una cabeza humana.